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Día mundial de la Tuberculosis


El Día Mundial de la Tuberculosis sirve para generar un mayor nivel de conciencia respecto de la epidemia mundial de tuberculosis y de los esfuerzos para acabar con la enfermedad. Actualmente, un tercio de la población mundial está infectada de tuberculosis. La Alianza Mundial Alto a la Tuberculosis, red de organizaciones y países que lucha contra la enfermedad, organiza el Día Mundial para dar a conocer el alcance de la enfermedad y las formas de prevenirla y curarla.
Este evento, que se celebra cada ano el 24 de abril, marca el dia en en que el Dr. Robert Koch detectó en 1882 la causa de la tuberculosis, a saber, el bacilo tuberculoso. Este supuso el primer paso hacia el diagnóstico y la cura de la enfermedad. La OMS trabaja para reducir, de aquí al 2015, las tasa de prevalencia y muertes por la mitad.


 Estudió medicina en la Universidad de Gottinga y obtuvo el doctorado en 1866. Comenzó su carrera como médico en el Hospital de Hamburgo, después se fue a Langenhans y luego a Wollstein en la Prusia oriental. Fue allí a los 28 años, el día de su cumpleaños, que su mujer Emmy le regaló un microscopio, solo para que se entretuviera.
En esos días Lister en Escocia salvaba vidas de parturientas evitando que se contaminaran. Luis Pasteur ya hablaba de los microorganismos patógenos como una teoría que se sometía a debate en los círculos científicos y predicaba que pronto se demostraría cómo los microbios eran los verdaderos causantes de la muerte de los tuberculosos; contra este profeta lunático se alzaba en pleno el Colegio de Médicos de París, capitaneados por el distinguido académico doctor Pidoux.
 Con el microscopio nuevo Koch se puso a observar la sangre de las ovejas y vacas muertas por carbunco y llegó a ver los bastoncillos. Otros hombres de ciencia como Dovaine y Rayer en Francia los habían visto y descripto. Cuando Koch, detrás de la evidencia, los buscó en animales sanos no los encontró. No tenía plata para experimentar con ovejas , así que intentó inocular ratones y estos enfermaron. Transmitió el bacilo del carbunco, los hizo reproducir en cantidad y demostró que estaban vivos y se multiplicaban hasta convertirse en millones en sus ratones. Con su microscopio vió como los bacilos cambiaban su forma filamentosa a esporas y volvían a su forma bacilar con modificarles las condiciones. Así se explicó cómo estos bastoncitos estaban preparados para resistir a la intemperie.
 En 1876 Koch con 34 años decidió salir de Wollstein y partió para Breslau para mostrarle al mundo cómo los microorganismos provocaban las enfermedades. El profesor Cohn, un amigo, fue quién se ocupó de convocar a las eminencias de Europa para que vieran sus experimentos. Entre otros acudió entre otros el profesor Cohnheim uno de los científicos más destacados de Europa, con quién trabajaba Paul Ehrlich. Fue este hecho y el reconocimiento del mundo científico que le permitió a Koch salir del pueblo de Wollstein y ser aceptado en 1880 en el Departamento Imperial de Sanidad de Berlín. Allí tuvo por primera vez un laboratorio bien equipado y entre tubos de ensayo, colorantes y ratoncillos pasaba 18 horas diarias trabajando. Lo acompañaban Loeffler y Graffky dos médicos militares que actuaban como ayudantes. Loeffler investigaba la pista del bacilo de la difteria y Graffky el de la fiebre tifoidea.
Había sido Cohnheim el brillante profesor de Breslau el que contagiaba la tuberculosis introduciendo un trocito de pulmón tuberculosos en la cámara anterior del ojo de los conejos.
R. Koch obtuvo los primeros tejidos tuberculosos del cuerpo de un fornido obrero de 36 años que murió en el hospital. En la autopsia sus órganos estaban moteados de corpúsculos amarillogrisáseos que parecían granos de mijo. Con ellos inoculó conejos, y los colocó entre cubre y portaobjetos para observarlos con el microscopio más potente en busca del microbio responsable nunca visto. Recién cuando los coloreó con un colorante azul los pudo ver. Los describió como pequeños bacilos, algunos en forma de atado de cigarrillos, que se presentaban dentro y fuera de las células. Reprodujo las lesiones en cobayos.  Repitió una y otra vez sus experimentos con material obtenido de cuerpos de pacientes muertos con tisis en el hospital e inoculó trozos de tejido enfermo en cobayos, ratones, conejos, perros, gatos, pollos y palomas. Los bacilos siempre estaban  presentes en los animales enfermos y nunca en los sanos. No pudo enfermar peces, ranas, anguilas ni tortugas. Pensando en la vía de transmisión, enfermó cobayos rociándolos con bacilos para demostrar la vía inhalatoria.
 El 24 de marzo de 1882 en Berlín en la Sociedad de Fisiología, Koch comunicó a los científicos más destacados sus hallazgos sobre el bacilo de la tubercurlosis. Estaban presentes P. Ehrlich y Rudolf Virschow el zar de las ciencias en Alemania. Cuando Koch terminó, fue el mismo Virschow el que se ocupó de difundir la noticia. Esa misma noche los hilos de los telégrafos difundían la novedad y fue nota de tapa de los diarios en el mundo. Roberto Koch había descubierto el bacilo de la tuberculosis. En 1883 descubrió el agente causal del cólera y en 1890 preparó la tuberculina.
 Recibió el Premio Nobel de Fisiología y medicina en 1905.

Fuente: Los cazadores de microbios de Paul de Kruif. Ediciones científicas. Editorial Aguilar. 1960. Madrid.

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